EVANGELIO 1 Cor. 12, 4-29

Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.
Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.
A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.
Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. Si dijera el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo; ¿por eso no será del cuerpo?
Y si dijera la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo; ¿por eso no será del cuerpo?
Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato?
Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como Él quiso.
Porque si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
Pero ahora son muchos los miembros, pero el cuerpo es uno sólo.
Ni el ojo puede decir a la mano: “no te necesito”, ni tampoco la cabeza a los pies: “no tengo necesidad de vosotros”. Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios; y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro.
Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso

Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos? Procurad, pues, los dones mejores. Más Yo os muestro un camino aún más excelente.

Palabra de Dios.

¿Qué queremos transmitir a nuestros alumnos con el lema de pastoral?

Jesús siempre supo ponerse en el lugar de los demás, supo ver, mirar, escuchar, actuar, entender las señales. Queremos transmitir la importancia de la empatía. Ponerse en la piel del otro, mirar a través de sus ojos, realizar una escucha activa para poder comprenderlo, sin juzgarlo, sin criticarlo, intentando cambiar para llegar a comprender las razones que le llevan a los demás a comportarse así. Sólo haciendo este esfuerzo se puede ayudar de verdad.
Igual que todas las partes del cuerpo son importantes, así todos lo somos para formar la clase, el colegio, la Congregación, la comunidad educativa, nuestra familia… en definitiva, la Iglesia. Cada uno con nuestros dones, puestos al servicio de los demás, formamos el pueblo de Dios.

¿Qué hilo conductor vamos a seguir?

Los sentidos:

El ser humano viene dotado por naturaleza de un kit de sentidos, que son un regalo y que nos hacen y nos permiten relacionarnos.

A través de nuestros ojos podemos ver y aprender a mirar nuestro interior y aprender a mirar a los demás con ojos misericordiosos, con los ojos de Dios.

A través de nuestros oídos escuchamos para comprender, no para contestar, escuchamos a los demás y escuchamos la llamada de Dios. ¿Cómo tiene que ser esa escucha? A través de la piel podemos sentir el afecto y el cariño. Nuestras manos son instrumento para construir el bien. El gusto nos ayuda a saborear los mejores momentos, nos ayuda a gustar su presencia dentro de nosotros, y a disfrutar del alimento de los cristianos. La lengua además de percibir los sabores tiene una gran importancia en la comunicación con los demás. Por ello es necesario utilizarla con cuidado, enseñando a agradecer, a valorar, a hablar y también a callar. Que nuestra voz sea su voz. A través del olfato podemos percibir diferentes olores, que no siempre son agradables. Con nuestra vida estamos llamados a transmitir a los demás “el buen olor de Cristo”; que se note, allí donde nos encontremos, que Él está presente dentro de nosotros. Que sea la esencia de nuestro perfume como lo fue María, que siempre impregnó de amor su vida.
Los cinco sentidos son tan importantes, que muchas veces Jesús estuvo sanando a las personas porque les faltaba uno de ellos. Pero para los cristianos los sentidos no son sólo los órganos del cuerpo sino que es algo más profundo: es escuchar, mirar, oler, saborear, tocar… sentir con el corazón de Jesús.

Todos los sentidos deben contemplarse desde un sexto sentido: la capacidad de intuir, de mirar hacia adentro, de percibir la sabiduría de Dios, que nos ayuda a encontrar el verdadero sentido de nuestra existencia.

TIEMPOS LITÚRGICOS:

ADVIENTO: EL OÍDO

A lo largo de nuestra vida necesitamos momentos para pararnos a reflexionar y preguntarnos el sentido de lo que hacemos. En el mundo en que vivimos estamos rodeados de ruidos que no nos dejan escuchar y que nos alejan de Dios.
Cada año, en adviento, Dios nos regala la oportunidad de pararnos a mirar atrás, para seguir caminando con más fuerza. El mensaje de Dios es claro: “Estad atentos”. ¿Cómo preparo mi corazón? Para ello, debemos estar atentos a las necesidades de los demás, fijarnos en el que tenemos al lado, escucharles con atención… ¿Escucho a Dios a mi alrededor?
En Navidad, Jesús, la Palabra, quiere nacer en nuestro corazón y llenar nuestra vida de sentido y felicidad. ¿Estás dispuesto a escucharle y acogerle, como María?

Evangelio primera semana (1 de diciembre): Mateo 24,37-44. Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

Evangelio segunda semana (8 de diciembre): Lucas 1, 26-38. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Evangelio tercera semana (15 de diciembre): Mateo 11, 2-11. ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Evangelio cuarta semana (22 de diciembre): Mateo 1, 18-24. Jesús nacerá de María, desposada con José, hijo de David.

CUARESMA: LA VISTA

Miércoles de ceniza: Mt 6 1-6, 16-18 Tu padre que ve en lo secreto te recompensará.

Ver es un regalo de Dios. Estar abierto a todo y a todos. Percibir en el rostro de alguien mucho más que lo que se ve. Ver con el corazón. Corazón de Jesús, en el que late el mundo. Creación que refleja a su diseñador. Tanto amó Dios al mundo que dio su vida por él; una vida, que se manifiesta en la vida del humilde obrero. Dios luz, en quien vemos todas las cosas, pero a quien no vemos. Solo el Hijo lo vio, y lo manifiesta. Hasta que Dios sea todo en todos. Hasta que todos seamos plenamente Cristo.
Vemos porque necesitamos. Dios nos ve porque quiere necesitar de nosotros. Por amor. Nos mostramos porque estamos hechos para los demás. Dios se muestra, creándonos y salvándonos en la cruz. Cristo encarnado, que asume toda forma humana. Ver a Dios en todo hombre, especialmente en el más desfigurado. La presencia de Jesús en él es tan real como en la Eucaristía. Hace falta la misma fe, para reconocerlo en uno y en otra.
Cristo en la Iglesia, en sus gestos y palabras, en su liturgia, en su caridad. Ver con Él, por Él, y en Él.

1º domingo: Mt 4, 1-11 Las tentaciones. 1 de marzo
2º domingo: Mt 17, 1-9 La Transfiguración. 8 de marzo
3º domingo Jn 4, 5-42 La samaritana. 15 de marzo
4º domingo: Jn 9, 1-41 El ciego de nacimiento. 22 de marzo
5º domingo: Jn 11, 1-45 Yo soy la resurrección y la vida. 29 de marzo.

PASCUA: EL GUSTO Juan 20, 1-9 (Visita al sepulcro)

San Juan Pablo II, en la audiencia general del 20 de febrero de 1980 dijo unas palabras que sintetiza nuestra experiencia como Hijos de Dios: “El cuerpo, de hecho, y sólo el cuerpo, es capaz de hacer visible lo que es invisible: lo espiritual y lo divino. Ha sido creado para transferir a la realidad visible del mundo el misterio escondido desde la eternidad en Dios, y ser así su signo”, (Audiencia General, 20-02-80). La relación con Dios es un misterio, y necesitamos nuestros sentidos humanos para poder entender el amor de Dios.
Algunos ejemplos de la experiencia de los sentidos… ¿cómo narra Hechos de los Apóstoles la llegada del Espíritu Santo? “De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas”. Es algo totalmente auditivo y visual. ¿Qué dice Jesucristo en la Última Cena cuando instituye la Eucaristía? “Comed y bebed, este es mi Cuerpo”. ¡El sentido del gusto! ¿Y qué le dice Jesús a Tomás? “Mete tu mano en mi mano”. ¡Sentido del tacto! Los apóstoles, aun siendo los elegidos de entre los elegidos, necesitaban experimentar al Resucitado con los sentidos.

SEMANA VOCACIONAL: EL TACTO Mateo 25, 14-30 (Parábola de los talentos)

Cada uno de nosotros tiene un talento especial, o muchos, que Dios nos ha dado. ¿Cuál crees que es tu don? Lo primero que debemos hacer consiste en examinar nuestra vida, para saber qué cosas sabemos hacer mejor que otras. No se trata de decir, «yo no soy bueno para esto o para esto otro.» Se trata de lo contrario, saber todo aquello para lo que somos buenos y descubrir para qué nos puso Dios en este mundo.
Sí, porque cualquier cosa que hagamos puede manifestarse en la gloria de Dios. Si escribes, o pintas, o tocas algún instrumento, si eres bueno para las manualidades, si puedes arreglar artefactos, si hablas bien, o sabes escuchar, si puedes analizar circunstancias…. La lista puede alargarse infinitamente, y todas caben de manera perfecta en el plan de Dios para la salvación del mundo.
Lo que no es bueno hacer es guardarse los talentos para uno. Fue lo que hizo el último de los hombres a quienes el amo les dio los talentos. De alguna manera debemos poner a funcionar esos dones para el servicio de los demás. Hay personas con unos talentos formidables, que por excusas parecidas a las de ese hombre de la parábola, dejan perder oportunidades inmensas de ayudar y ayudarse.
Por lo tanto, el cultivo de las virtudes y de los talentos debe ser nuestro norte. Y, sobre todo, siempre con el prójimo en mente. Cuando hagamos un trabajo en el que seamos buenos, siempre hagámonos esta pregunta: ¿Cómo beneficia mi trabajo a mi prójimo? Asimismo, preguntémoslo cuando dejemos de hacer algo por defender nuestra comodidad. No escondamos el talento que nos dieron, aunque nos parezca que es insignificante. Hagamos nuestro trabajo con el amor de brindárselo a nuestros semejantes. Trabajar por amor a Cristo es siempre la mejor inversión, la que nos dará los mejores réditos.

MES DE MAYO: OLFATO Lucas 1, 39-45 (Visitación de María a su prima Isabel)

María lo primero que hace es ponerse en camino, siguiendo una señal. Se fía de la señal de Dios. El ángel le anuncia que su prima está embarazada, “la que llamaban estéril”. Es una señal de Dios “Porque para Dios no hay nada imposible”. Cuando descubro una señal de Dios, ¿me fío y me pongo en camino? ¿Qué significa ponerse en camino? Ponerse en camino implica renunciar a estar en un sitio y de una manera para salir al encuentro de algo, alguien, … ¿a qué renuncio cuando salgo al encuentro de Dios?

Isabel se alegra de recibir a María, de recibir en su casa a Dios. ¿Nos alegramos cuando Dios llama a nuestro corazón? ¿O pensamos “menudo marrón”? ¿Agradecemos que Dios se fije en nosotros para llevar a cabo su misión? ¿O cuando empezamos a darnos cuenta de cuáles son esas señales que Dios nos pone en nuestro camino, huimos de ellas porque implican demasiadas cosas para nosotros?

Isabel, de alguna manera “huele” que María va a ser importante “¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” Isabel percibe, ya que conoce a María y sabe cómo es, cuál va a ser el futuro que le espera. Nuestra vida puede “oler” a entrega, “oler” a compromisos, “oler” a esperanza, “oler” a desesperación, “oler” a pasotismo, … La vida de María “olía” a entrega total, una entrega desde el amor, desde fiarse de Dios. ¿A qué huele nuestra vida ahora?

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